Evitar la desesperanza —es decir, construir esperanza— se convierte asà en el proyecto principal de nuestra mente. Todo significado, todo aquello que entendemos sobre nosotros mismos y sobre el mundo, se construye con el propósito de mantener la esperanza.
Mark Manson. Todo está j*dido
Ya he contado alguna vez que me encanta ver cada Navidad la versiĂłn de Disney de Cuento de Navidad de Dickens (y Love Actually, supongo que para gran alborozo, jarana y choteo de la concurrencia general. ; )
Este año empecĂ© calentando motores antes. Cada dĂa de la semana anterior a la Navidad lo comencĂ© poniendo en el iPad a las 7 de la mañana todos esos dibujitos antiguos: El árbol de Navidad de Mickey, El taller de Santa Claus, La noche antes de Navidad… todas esas delicias que ya son encantadoramente vintage. Una de las cosas buenas que tiene el YouTube.
Necesito dedicar esfuerzo extra para contrarrestar el espĂritu antinavideño y firmemente partidario del Grinch que tiende a rodearme por todos lados. ; )
Y este año aún le añadà después la miniserie Cuento de Navidad que ha recreado Steven Knight para Netflix.
Que por cierto me ha gustado mucho. Es todo lo oscura que debe ser.
La historia de los tres espĂritus me parece tan perfecta y fascinante…
Tres espĂritus para mostrarte quĂ© importa y quĂ© no importa, tres espĂritus y tres viajes para comprender cĂłmo deberĂa ser una vida con algĂşn sentido.
Este año era tan fácil deslizar el territorio del cuento hacia mi propia vida…
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Un primer espĂritu que te lleva a sobrevolar tu pasado.
El espĂritu es dorado y traslĂşcido, y se desvanece por momentos. Tiene unos grandes ojos apenados, como si hubiera visto toda la tristeza del mundo.
El espĂritu me lleva de la mano para volar sobre mis Ăşltimos años, como Peter Pan y los niños sobrevolaban la noche hacia Nunca Jamás.
Veo la escalada de violencia de los últimos quince años de la enfermedad mental de mi madre.
Verla desde encima, sobrevolarla en la distancia, la hace parecer mucho peor.
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Todo es mucho más obvio y más devastador.
Paso de nuevo por encima de ese dolor, de ese cansancio infinito.
Me veo a mi misma y mis torpes, equivocados, inútiles intentos de detener toda esa locura, de apaciguarla, de ayudarla a volver hacia el lugar de la luz, la aceptación y la tranquilidad. Me hace llorar ver todo eso, mi propia ingenuidad, mi incapacidad de soltarme y aceptar lo que iba a suceder sin resistencia, sin participar tironeando. Mi angustia. El daño. La crueldad.
El EspĂritu extiende sus manos sobre ese paisaje desolado, haciendo el gesto de abarcarlo con su luz. El paisaje, en vez de absorber esa luz, se licĂşa en la oscuridad y desaparece.
Con un suave giro, el espĂritu pierde su corporeidad y se desvanece ante mis ojos. Y veo aparecer en su lugar la figura de una muchacha.
Es mi madre. Mi madre no como yo la veo ahora o como la recuerdo y la recordaré, sino cuando era muy joven. Mucho antes de que yo naciera.
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Le chispean los ojos y parece feliz. Todo encierra aĂşn una promesa. TodavĂa no ha sido tocada por la oscuridad. AĂşn está llena de esperanza.
Mi madre brilla y me mira con complicidad. SonrĂe, como si supiera algo que yo no sĂ© o viera algo que yo no veo.
La figura de mi madre, iluminada desde dentro, se disuelve en la noche.
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En su lugar reaparece el EspĂritu, mirándome muy de cerca con ojos muy abiertos, como se mira a una criatura. Con amor. Con sus grandes ojos compasivos. Me toma entre sus manos, sopla sobre mi flequillo para hacerlo volar y que yo lo pueda olvidar todo.
Y yo me rĂo, aliviada y ligera como cuando la amenaza de algo terrible desaparece para siempre.
El espĂritu me envuelve con su luz de luciĂ©rnaga y me deposita suavemente sobre la tierra.
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Llega el EspĂritu de la Navidad presente.
Al verlo sĂ© que es el espĂritu de este año, que ha sido mi año de probar el sabor de la libertad.
Es un EspĂritu alado y blanco, pequeño, parece un niño aĂşn. Me enseña cĂłmo era mi espalda, llena de sogas que me ataban a un algo invisible que tiraba de mĂ con tanta fuerza que me desgajaba la piel.
Me enseña el peso que he llevado sobre la espalda, como un gran parásito dañino. Me enseña cómo me ha impedido levantar la cabeza para mirar el cielo.
Me enseña cómo yo misma lo he ido deshaciendo. Poco a poco.
Como un hechizo que evoluciona lentamente. Cada semana menos peso y más esperanza. Como una correa de perro muy apretada que el frĂo va carcomiendo hasta que se cae.
Me enseña cómo me va creciendo una nueva piel que no es porosa y que me separa firmemente de mi madre y del pasado. Que me convierte en una única persona, por primera vez en mi vida. Una persona independiente y casi libre que no odia, que no está triste, que no tiene miedo, que siente la vida como una llamita caliente que late en el cuenco de sus manos.
El EspĂritu blanco me entrega ese regalo, esa visiĂłn de lo que está despertándose dentro de mĂ misma. El espĂritu blanco me entrega la visiĂłn de mĂ misma haciendo de madre de mĂ misma, y liberándome del conjuro de todo ese dolor.
Cuando el espĂritu blanco me deja en el suelo, estoy temblando porque comprendo que Ă©ste es un nuevo nacimiento. Como un canario que escapa de una jaula y comienza, atĂłnito, una vida silvestre.
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Llega el momento del Ăşltimo espĂritu.
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El regalo del Ăşltimo espĂritu, el espĂritu del Futuro.
El EspĂritu del Futuro es azul noche y va a enseñarme el mundo sin mĂ.
Me enseña la vida sin mĂ.
Cuando el EspĂritu me saca del mundo, puedo ver lo que falta: lo que yo habĂa puesto.
El espĂritu me enseña el cĂłctel que componen mis dones y quĂ© hacer con ellos.
El PropĂłsito es el Ăşltimo regalo de los espĂritus: una imagen de tu influencia en tu pequeño mundo.
Es un cĂłctel Ăşnico y es algo que uno inventa, compone, constela. Un bordado. Una tonalidad. Una melodĂa.
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La casa me parece muy grande cuando los EspĂritus se van.
Y comprendo muy bien lo que me han dicho: la construcciĂłn del PropĂłsito es la gran tarea sagrada de la madurez.
Ha sido un año muy especial y siento que estaba preparada para que los EspĂritus me hablaran.
Su viaje era un viaje que ya no me daba miedo.
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Debemos estar agradecidos cuando esa magia sucede, cuando los EspĂritus nos hablan.
Y la visita del Ăşltimo espĂritu nos arrancará una promesa, un compromiso. Como a Ebenizer.
Siempre es asĂ.
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Yo he hecho la mĂa.
Y ahora hay que cumplir lo que les hemos prometido.
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Muy Feliz Año Nuevo.












Impresionante y sobrecogedor. SĂłlo puedo decirte que eres una mujer especial. Un abrazo muy fuerte.