por Fernanda | Mar 26, 2015 | liturgia de las horas
Cuando era pequeña, muy pequeña, la primavera comenzaba debajo de una acacia en flor, bajo el techo fantástico que formaba la enramada de racimos de conejitos blancos oscilando sobre mi cabecita con coletas. Empezaba con una faldita de flores, unas bailarinas rojas...